Es el primero de 40 ejercicios de audio guiados, narrados por Peter Baumann. Siéntate, respira hondo — y déjate llevar.
Siéntate cómodamente. Los pies descansan en el suelo. Las manos reposan relajadas en el regazo, las palmas hacia arriba. Cierra suavemente los ojos — o deja la mirada blanda.
Inspira profundamente por la nariz. Siente cómo se eleva el vientre. Sostén un momento. Y exhala lentamente por la boca ligeramente abierta. Deja que se vaya la tensión.
Dos veces más. Inspira hondo… sostén… y exhala con suavidad. Con cada exhalación te asientas un poco más en la silla.
Ahora pon ambas manos, una sobre la otra, en tu corazón. La derecha abajo, la izquierda encima — o al revés, como sientas correcto. Siente el calor de tus palmas.
Di interiormente: «Estoy aquí. Estoy a salvo. Puedo respirar.»
Imagina que con cada inspiración entra una cálida luz dorada en tus manos. Con cada exhalación fluye desde tus manos hacia tu corazón. Sin esfuerzo. Solo permitir.
Quizá sientas un hormigueo. Quizá calor. Quizá nada especial — todo está bien, todo es correcto.
Sigue respirando, tranquila y profundamente. El Reiki sabe a dónde quiere ir.
Deja caer las manos lentamente. Respira una vez más profundamente. Da las gracias interiormente — a ti, a la energía, a este momento.
Abre suavemente los ojos. Estás aquí. Estás bien.
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